Sentirse protegido

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Niña bajo cobijas con linterna

Nuestro cerebro ha evolucionado para responder al peligro y al estrés entrando en el modo de «luchar, huir o congelarse». La adversidad crónica significa que estamos constantemente en ese modo, incluso cuando la amenaza ha desaparecido. Estar en un estado de permanente vigilancia, de opresión y ansiedad, nos impide notar otras maneras de reaccionar a situaciones por lo que es importante recuperarse del estrés.

Cuando los niños tienen una sensación de seguridad, sus cerebros empiezan a calmarse. Pueden comenzar a explorar estrategias y soluciones que les pueden traer un poco de alivio o «refugio de la tormenta» de grandes sentimientos como la tristeza, la ansiedad, la ira, el miedo y la confusión.

Las experiencias traumáticas pueden hacer que nos sintamos inestables y vulnerables. Estrategias como la creación de un lugar seguro, real o imaginario, pueden hacer una gran diferencia.

Después de ver el video, explique que Elmo se sentía asustado y triste y necesitaba un lugar seguro y acogedor. Juntos, vean hasta el final «Yo me puedo sentir protegido», en el que Elmo ha utilizado una manta para crear su propia fortificación. Hablen acerca de qué lugares seguros los niños pueden crear para sí mismos.